Somos transeúntes de la vida y del deseo, ya que el deseo es la manifestación positiva de lo negativo que hay en nos. En el se muestra lo que no tenemos, lo que creemos que no somos, lo que sabemos que nos falta. Yo también soy lo que me falta, y aquello que me falta inevitablemente lo deseo, pues el ser se construye a medida que se deconstruye, el ser se percata de su existencia, y toma conciencia de ser cuando se percata de su no ser, cuando encuentra carente la calidad ontológica de su existencia material.
Pero la relación existente entre la vida como una constatación ontológica de lo que hay fuera de nos, no es posible si no tenemos conciencia de lo que nos falta. Es así como la vida se relaciona con el deseo, solo vive quien desea, quien no desea es porque ha dejado de vivir. Desean algunos no desear nada, desean habérselas con lo que tienen, “omnea meam, porto mecum” decia Bias de Priene, pero esto es también una forma de deseo, desear ser autosuficientes, desear no desear es el mayor deseo.
SOCRATES
viernes, 12 de abril de 2013
PRESUNCIÓN Y ESPANTO
de lo transeúnte donde, la palabra es tanto,
Y es tan poco aquello, que emerge distante,
de lo recóndito gesto, mueca de un instante,
Donde alarga sus brazos, el futuro incierto,
y anhelos pasados, gimen en su esfuerzo,
No te vayas entonces, noche pendenciera,
que mis pies son bronces y mi alma quimera.
Qué Somos
Somos una insignificante parte del Cosmos ubicada al azar en un inhóspito pedazo del mundo, después de que alguien lanzó los dados del destino. Somos lo que somos, pero como una idea que camina con nosotros cada vez que alzamos la cabeza intentando evitar mirar nuestros pasos. Somos lo que no somos, como una condena irrevocable hacia el sufrimiento producto del deseo. Somos lo que seremos, una ilusión, un espejismo, una quimera, una banalidad que se torna grave y agresiva cada vez que elaboramos palabras para presentar el mundo. Y somos también, lo que hemos sido, un poco de lo que traemos como carga existencial desde el fondo de nuestras constantes perdidas y remotas ganancias. Somos, somos y no somos, pues en este incierto transcurso del tiempo, y muy lejos de la sentencia Shakesperiana, nos debatimos a cada momento, entre las mieles delirantes y espejísticas de la libertad, resultado de una quimera por lo que podemos llegar a ser, tomada la decisión equivocada y emancipada la decisión perdida. Somos un incierto, un camino sin retorno que se pierde en la nostalgia y se agranda en la noche inmensa, cuando el recuerdo con sus manos interminables se convierte en saudade y la saudade se transforma en nostalgia, arrojando de nosotros, igual que al principio, cuando fuimos arrojados a este mundo de sin sentidos, las mentiras que nos mantuvieron vivos en un mundo de aterradoras verdades. Quisiéramos huir entonces, escapar de la noche imberbe que deja una huella muda que va raspando el alma con un chillido silencioso que se hace inefable. Quisiéramos correr entonces, volver al día aquel, a ese pasaje inmarchitable de la memoria y sucumbir ante su embrujo, pero al ver la noche, tan negra y tan oscura, tan fría y tan ajena, tan austera de ruidos y generosa en sentimientos, tan lejana y tan maldita, quisiéramos morir, morir, como una solución, morir, como una redención a los tormentos infatigables de la memoria.
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