Somos transeúntes de la vida y del deseo, ya que el deseo es la manifestación positiva de lo negativo que hay en nos. En el se muestra lo que no tenemos, lo que creemos que no somos, lo que sabemos que nos falta. Yo también soy lo que me falta, y aquello que me falta inevitablemente lo deseo, pues el ser se construye a medida que se deconstruye, el ser se percata de su existencia, y toma conciencia de ser cuando se percata de su no ser, cuando encuentra carente la calidad ontológica de su existencia material.


Pero la relación existente entre la vida como una constatación ontológica de lo que hay fuera de nos, no es posible si no tenemos conciencia de lo que nos falta. Es así como la vida se relaciona con el deseo, solo vive quien desea, quien no desea es porque ha dejado de vivir. Desean algunos no desear nada, desean habérselas con lo que tienen, “omnea meam, porto mecum” decia Bias de Priene, pero esto es también una forma de deseo, desear ser autosuficientes, desear no desear es el mayor deseo.


"Los griegos somos al mar como las ranas a una charca".
SOCRATES

martes, 15 de mayo de 2012

DE JUAN ASIEGO Y PEDRO CASAS

Se va acumulando el tiempo en la distancia, y las únicas palabras endilgables al recuerdo son el verbo y la nostalgia.

Ya lo decía el buen Pedro Casas aquella mañana brumosa cuando las bestias y los naranjales parecían más grandes que la montaña, aunque esta pareciese interminable: “no hay recuerdo en el alma que no sea autor de todos los deseos posteriores”, y que Juan Asiego, trastocado por la debilidad irremediable de la memoria repetía casi de la misma manera pero a su modo: “todo lo que deseamos es hijo de algún recuerdo”.

martes, 8 de mayo de 2012

EL RETRATO Y EL TIEMPO

Existe una cuenca, un río, una rivera, una bruma itinerante, uno y mil latidos incotejables, una ilusión o dos, perdidas, un poco de hierba, un trozo de piedra, un madero, una espiga, un florero, un ropero, y un arrebato loco de colores que han quedado fijos mientras transcurre el tiempo, recordando, o mejor, disimulando, que también van envejeciendo, igual que todo aquello que es tocado por el presente, inexistente, invivible, pero tan real, como Borges y el río, como Borges y el fuego, como Borges y el tigre, como Borges y el tiempo, como que Borges ha muerto y yo sigo aquí aparentemente vivo.

ENTRE EL SILENCIO Y LA ESPERANZA (Remembranza)

Parece que inevitablemente la descripción de la realidad hecha por el eminente profesor Quijano Guerrero fuera una máxima en nuestra situación actual: dos fechas impostergables, dos hechos esperanzadores, y una desilusión general, porque entre 1820 y 1886 sólo quedan enormes fosos de silencio. Hemos de sumarle una fecha más: 1991, pero, debemos reconocer: la misma realidad, la misma desilusión y la misma desesperanza general…

miércoles, 25 de abril de 2012

TEORÍA DE LA REVOLUCIÓN INTELECTUAL

Como es la rivera al río…

Por la turbia noche, por los que con hambre han trabajado, por el fondo de la tierra que lo llevamos taladrado, por tu hermano y el mío, olvidados en este país lejano, ven a nacer conmigo, ven a ser mi sangre hermano. Como un ejército de tigres afilados, como atávicas sombras siderales volando, ven a nacer conmigo, que entre la muerte, el sueño yace abandonado, ven a nacer conmigo, que nos encuentre la noche andando.

La Sociología de la Revolución debe examinar cuáles son las causas, los motivos accidentales, cuál es su trayectoria, los soportes de su movilidad, la masa y sus jefes, y los fines por los cuales se buscan transformaciones sociales.

En honor al sueño, por amor al acto, porque no hay futuro, que no se piense lejano.




Qué Somos

Somos una insignificante parte del Cosmos ubicada al azar en un inhóspito pedazo del mundo, después de que alguien lanzó los dados del destino. Somos lo que somos, pero como una idea que camina con nosotros cada vez que alzamos la cabeza intentando evitar mirar nuestros pasos. Somos lo que no somos, como una condena irrevocable hacia el sufrimiento producto del deseo. Somos lo que seremos, una ilusión, un espejismo, una quimera, una banalidad que se torna grave y agresiva cada vez que elaboramos palabras para presentar el mundo. Y somos también, lo que hemos sido, un poco de lo que traemos como carga existencial desde el fondo de nuestras constantes perdidas y remotas ganancias. Somos, somos y no somos, pues en este incierto transcurso del tiempo, y muy lejos de la sentencia Shakesperiana, nos debatimos a cada momento, entre las mieles delirantes y espejísticas de la libertad, resultado de una quimera por lo que podemos llegar a ser, tomada la decisión equivocada y emancipada la decisión perdida. Somos un incierto, un camino sin retorno que se pierde en la nostalgia y se agranda en la noche inmensa, cuando el recuerdo con sus manos interminables se convierte en saudade y la saudade se transforma en nostalgia, arrojando de nosotros, igual que al principio, cuando fuimos arrojados a este mundo de sin sentidos, las mentiras que nos mantuvieron vivos en un mundo de aterradoras verdades. Quisiéramos huir entonces, escapar de la noche imberbe que deja una huella muda que va raspando el alma con un chillido silencioso que se hace inefable. Quisiéramos correr entonces, volver al día aquel, a ese pasaje inmarchitable de la memoria y sucumbir ante su embrujo, pero al ver la noche, tan negra y tan oscura, tan fría y tan ajena, tan austera de ruidos y generosa en sentimientos, tan lejana y tan maldita, quisiéramos morir, morir, como una solución, morir, como una redención a los tormentos infatigables de la memoria.